¿Porqué Predicamos El Evangelio?

¿Porqué Predicamos El Evangelio?



“Si en verdad hay personas que están ‘predestinadas’ para Salvación, ¿para qué predicar el evangelio?” Esta pregunta es a menudo formulada por aquellos que se enfrentan a la doctrina de la predestinación. Aunque para muchos esta duda surge como un interés genuino para otros la interrogante es un planteamiento retórico con el fin de negar y denigrar la doctrina de la predestinación. Así que algunos, de alguna forma han llegado a concluir que si es verdad que las personas han sido predestinadas por Dios para ser salvas, entonces no hay lugar alguno para la predicación del evangelio ya que tales personas “se van a salvar de todas formas sin que se les predique el evangelio”. No obstante, sea cual sea la razón para formular esta pregunta, lo cierto es que la lógica utilizada es errónea. La verdad es que la doctrina de la predestinación no niega de ninguna forma la necesidad de predicación, al contrario, la afirma.

No debe caber duda en la mente de los cristianos en cuanto a la realidad bíblica de la elección y la predestinación. La Biblia dice que fuimos “escogidos para salvación desde antes de la fundación del mundo” (Efe. 1:4; 2 Tes. 2:13.) La Escritura también nos revela que esa elección divina no está basada en nada ni bueno ni malo que Dios haya visto en los hombres (Rom. 9:16) si no que lo ha hecho de su propia voluntad y deseo. En la primera carta de Corintios el Apóstol Pablo nos dice que Dios escogió “sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. No necesariamente que todo lo débil fue escogido, ni todo lo que no es, ni todo lo necio sino que “de entre” estas clases de gentes Dios escogió para mostrar su poder y su sabiduría. Eso, tampoco significa que Dios no escogió personas de entre “lo sabio, lo fuerte y lo poderoso” del mundo. La elección para salvación de las personas es en realidad la fuerza que mueve la predicación del evangelio. Es porque contamos con la ‘seguridad’ de que la palabra de Dios predicada no ha de fallar que nuestra predicación es de confianza y puede ser llamada como lo dijo Pablo, el “poder de Dios”.

La Biblia declara explícitamente que debemos llevar el mensaje de salvación, el evangelio de la cruz de Cristo a “TODA” criatura (Marcos 16:15), sin embargo al mismo tiempo nos declara que tal “mensaje de la cruz es tontería a unos hombres (los Gentiles) y tropezadero para otros (los Judíos)” (1 Cor. 1:23). Pero seguidamente nos dice la Escritura mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios (v. 24.) Esto nos indica que aunque es cierto que personas tanto judías como gentiles rechazan libremente el mensaje del evangelio como una tontería, locura o tropezadero, lo cierto es que Dios tiene aquellos a los cuales él llama en su poder por medio de la locura de la predicación y tales personas reciben gustosamente el mensaje y son salvas.

El conocimiento de estos hechos nos ayudan en la predicación ya que podemos entender que no depende de nuestra destreza al predicar, ni las palabras que escojamos para hablar sino que depende de Dios el hacer la obra en las personas. Es Dios quien convierte al pecador (Jer. 31:18; Juan 16:14). En la Biblia leemos las palabras del Apóstol “...todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna.” (2 Tim. 2:10). Pablo nos dice que él sabe que la razón de la predicación es “salvar los escogidos”. Indudablemente es Dios quien está en control de la salvación de los hombres, y estos responden y se convierten al Señor viniendo libremente a sus pies una vez Dios ha obrado en sus corazones (Salmo 110:3.)

Dios tiene todo bajo su control. Aquellos que dicen que no hace falta predicar porque todos los que se van a salvar son salvos de todas maneras carecen de la lógica más elemental. Pongamos un ejemplo, si usted decide construir una casa, comienza dibujando los planos de la manera que usted quiere e incluye todos los mínimos detalles de tal construcción, desde el clavo más pequeño hasta la viga más grande. Usted incluye detalladamente especificaciones sobre la obra de plomería, electricidad y aire acondicionado. Además habla con las personas que se encargaran de hacer cada una de las cosas en la construcción de su casa. Se contacta con los albañiles y carpinteros; contrata plomeros y electricistas especializados. Habla con las personas encargadas de instalar el piso y las alfombras al gusto que usted le indica. Usted visita tiendas de muebles de manera que sabe con exactitud que tipo de mueble, decoración y estilo que llevará cada habitación de su casa, desde la sala, la cocina, los cuartos y hasta los baños. Finalmente, usted contrata jardineros que se encargarán de la decoración del patio y los jardines alrededor de su futura casa. De cierta manera usted ha ‘predestinado’ con lujo de detalle todo lo que ha de tomar lugar en la construcción de esa casa, no solamente relacionado con los materiales sino también relacionado a las personas específicas que han de hacer tal o cual obra. Nada está fuera de sus planes, PERO solo falta comenzar a construir. Ahora solo queda dar comienza a la construcción de la obra en el día indicado para ello y llevarla paso a paso hasta el final de la misma. ¿Que pensaría usted si yo le dijera que no hace falta construir su casa, ni traer materiales, ni trabajadores porque de todas maneras la casa está predestinada para ser construida? Seguro que usted pensará que soy un absurdo y es posible que piense que estoy loco, y ciertamente que lo sería de pensar de ese modo. Lo cierto es que las personas que dicen que no hay que predicar porque todo esta predestinado piensan de la misma forma.

La predestinación es “un plan divino” de todo lo que ha de tomar lugar, pero es necesario que ese plan se ponga en marcha y que se lleve a cabo. Dios está construyendo “una casa para el morar” (1 Timoteo 3:15), “un templo de piedras vivas” (1 Pedro 1:25), “una ciudad santa” donde Él ha de habitar eternamente” (Rev. 21:2), ese edificio es Su iglesia, el cuerpo de Cristo. POR LO TANTO, Dios no solamente se asegura de preparar un plan muy elaborado de todo lo que quiere que ocurra sino que se asegura de poner su plan sea completado de tal manera que las cosas se hagan tal como él lo ha decretado.

Efesios 4:11-12

11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo

En la historia de la iglesia evangélica después de la Reforma se han encontrado dos grupos de personas que piensan que la predestinación es razón suficiente para no predicar el evangelio. Unos fueron los ‘Hipercalvinistas’ y otros son los ‘Arminianos’. Los Hipercalvinistas afirmaron correctamente que hay una predestinación divina pero negaban que hiciera falta hacer lo necesario (predicar) para que lo predestinado (la salvación) ocurriera. Los Arminianos niegan que hay predestinación pero concluyen tal como lo hacen los Hipercalvinistas, que “si hay predestinación no hace falta predicar.” Desde dos polos opuestos estos dos grupos piensan de la misma manera “si los planos están preparados con todos sus detalles incluidos no hace falta construir la casa”. Lo cierto es que tal pensamiento es solo una manera de pensar “absurda” y está muy lejos tanto de la lógica como de lo que la Biblia claramente nos enseña. Es cierto que Dios puede tratar directamente con las personas (Por Ej. Abraham, Juan el Bautista, Saulo de Tarso) pero en su plan divino a incluido la predicación del evangelio como el medio por el cual las personas han de ser salvas.

Dios ha preparado un plan completo para toda la creación y dentro de ese plan está envuelta la predicación del Evangelio como medio para salvar los escogidos. La Biblia nos dice que Dios hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Efesios 1:11.). Es decir, las cosas que Dios hace ya sea la creación del mundo o la salvación de su pueblo, las hace ‘de acuerdo’ a lo que ha planeado o “decretado” por su voluntad desde antes de la fundación del mundo. Por seguro que usted no pensaría en construir su casa sin primero preparar los planos especificando cada detalle, tampoco se pararía en el terreno vacío a ver si alguno pasa por allí y se motiva a trabajar en la construcción de su casa dependiendo del tipo de adiestramiento que tenga. Es posible que consiga alguien que sepa poner el techo pero no alguien que sepa poner el piso. Quizás consiga un plomero pero no un buen electricista. Por cierto que eso sería cosa de locos. Dios no es loco, Él ha preparado un plan con todo lujo de detalles y nos ha incluido en él para que formemos parte del mismo.

Tal como lo fue el profeta Isaías en su tiempo y Juan el Bautista en el suyo, Pablo fue también escogido “desde el vientre de su madre” (Isaías 49:1; Lucas 1:15; Gálatas 1:15) para ser la obra de Apóstol y predicador de la Palabra. No fue casualidad que un día después de muchos años de perseguir la iglesia, Jesús mismo se le apareció camino a Damasco. El tiempo de incorporar a Pablo en la tarea y obra de Dios no había llegado hasta ese entonces. Luego vemos que el mismo Pablo, en sus viajes propone hacer algo y Dios lo dirige de manera distinta a lo que el (Pablo) quería hacer. La Biblia dice les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia” (Hechos 16:6.) A los oídos de algunos esto puede sonar a ‘herejía’, que Dios no permita que se predique el evangelio en cierto lugar ¿Y si se muere alguien allí sin que se le predique el evangelio? Es probable que algunos sí murieron sin oír el evangelio pero Dios quiso que Pablo fuera en otro rumbo hacia Macedonia donde era necesario estar. Pablo entendió a Dios y dijo “...en seguida procuramos partir para Macedonia dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio.” En otra ocasión Dios le indicó que predicara el evangelio en Corinto diciéndole “porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hechos 18:11.) Dios no envió a Pablo a predicar en la ciudad de Corinto “a tratar” o “a ver” si daba la casualidad que algunos creyeran al evangelio. Tampoco lo envió allí por si algunos “les gustaba” lo que Pablo decía, sino que Dios tenía “mucho pueblo” preparado en aquella ciudad, gente que él (Dios) conocía individualmente uno por uno y en quienes Él mismo obraría a través del mensaje del Apóstol y la operación del Espíritu Santo para traerles a salvación – y así fue. La iglesia de Corinto fue fundada en aquel lugar. Anterior a esto, en otra ocasión contemplamos al mismo Apóstol Pablo predicando el mensaje de Cristo a una audiencia Judía la cual rechazaba su mensaje por lo que Pablo decide ir a predicar entre los gentiles y dice la Biblia que después de haber predicado creyeron todos los que habían sido predestinados para salvación (Hechos 13:48.)

Para concluir, anunciamos la cruz de Cristo porque estamos confiados en que Dios tiene un pueblo seleccionado desde antes de la fundación del mundo el cual ha de salvar por medio de la predicación del evangelio. Por eso es que nosotros podemos y debemos predicar con denuedo y toda confianza las buenas nuevas de salvación a todos los hombres. Pablo escribió en su carta a los Corintios, Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. (1 Cor. 3:6-7). Así que hermano cristiano, tome fuerzas, crea que Dios en su soberanía a predestinado la salvación de su pueblo y predique con toda confianza sabiendo que mientras usted hace lo posible (hablar de la cruz de Cristo), Dios hace lo imposible (salvar las almas). Por supuesto que no sabemos a quien ha sido escogido y quien no, ese detalle descansa en el secreto divino (Deuteronomio 29:29), pero se hace evidente cuando los escogidos responden al mensaje. Es cierto que muchos, tanto Judíos como Gentiles han de rechazar el mensaje de la cruz diciendo que es “locura” o “tropezadero”, pero para otros, para “los llamados” ya sean judíos o sean griegos, el evangelio es poder de Dios para su salvación y lo creerán para su justificación. Bien dijo el Salmista “si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los edificadores” (Salmo 127:1.)

¡Amen!

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